¡Cuidado! | Diarios de seguimiento n.º 11
La brisa marina es un alivio muy bienvenido cuando coronamos la última curva cerrada y llegamos a la cima del acantilado. Me quito la gorra y dejo que el viento me acaricie el pelo. Hace demasiado calor como para que nos seque mucho, pero las vistas desde aquí arriba son mis favoritas de todo Puerto Viejo: las olas blancas y azules que se agitan bajo nuestros pies, el horizonte lejano envuelto en la bruma y la isla de Cocles, iluminada por el sol.