Arislothl y Slothocles: tomárselo con filosofía
Mi descubrimiento, al limpiar un ático en Beachcomber Towers, de un manuscrito que se creía perdido desde hacía más de 2.000 años ha suscitado una GRAN expectación. Escrito por el antiguo filósofo griego Arislothl, no es otra cosa que una versión completa de su legendaria obra maestra *Lethargics*, en la que expone sus opiniones, de gran influencia, sobre las virtudes de la nada.
Bueno, quizá exagere un poco al decir que estaba completo, ya que varias páginas estaban en blanco, salvo por la típica disculpa de Arislothl: «El texto vendrá cuando me ponga a ello», pero todo apunta a que nunca llegó a hacerlo.
Sin embargo, las páginas de *Lethargics* que llegó a completar bastan para demostrar que las ideas filosóficas de Arislothl suponían un claro avance con respecto al tratado *Indolentia Totalis*, escrito por su amigo y colega Slothocles.Aunque ambos dirigían conjuntamente la Escuela de la Inactividad en Atenas, no hay pruebas de que se llegaran a conocer, a pesar de los aparentes esfuerzos conjuntos por organizar un simposio sobre la ociosidad.
Las profundas conclusiones de Arislothl se derivan de un argumento sencillo: que los errores de comisión son mucho más numerosos y, por lo general, más graves que los errores de omisión. En otras palabras, las cosas que hacemos causan más y mayores males que las que no hacemos, por lo que no hacer nada es lo mejor. Argumentó que cualquier acción va precedida de una decisión de actuar y de cómo hacerlo. Por lo general, cualquier pregunta tiene una respuesta correcta y muchas respuestas incorrectas, por lo que debe de haber muchas más formas de hacer algo mal que de hacerlo bien. Por ello, ensalzaba las virtudes de la indecisión.
A los seguidores de Arislothl y Slothocles en la Escuela de la Inactividad también se les enseñaban formas propicias de inactividad física, entre las que se consideraba que estar colgado boca abajo y no hacer nada era la mayor contribución a la salud mental y al bienestar general.
La sabiduría de Arislothl parece especialmente oportuna en los tiempos que corren. El clima no cambiaría, decía, si la gente no hiciera nada; las retiradas caóticas de las fuerzas armadas serían innecesarias si, para empezar, no se hubieran desplazado a ningún sitio; nunca habría guerras. Incluso señaló que las pandemias no podrían propagarse si todos nos colgáramos boca abajo, cada uno por su cuenta, de los árboles.
Si te preguntas por qué nunca antes había encontrado este manuscrito, debo confesar que lo compré en Cambridge en la década de 1940, en un mercadillo organizado por el difunto Bertrand Russell. En mercadillos anteriores de este tipo, Russell solo había vendido botas. Cuando le señalé que se tomaba el término «mercadillo» demasiado al pie de la letra, añadió una caja de lo que parecían trastos viejos y, por lo tanto, me sentí obligado a pujar por ella.
Columna «Beachcomber» del 11 de septiembre de 2021 / Daily Express