La "armadura" oculta en la piel de un perezoso terrestre gigante
Científicos argentinos utilizaron rayos X en la piel de un perezoso de 13.000 años de antigüedad y descubrieron miles de huesos diminutos en su interior.
Después de haber logrado determinar la edad precisa de la famosa piel momificada de un Milodón (una especie extinta de perezoso terrestre gigante), los mismos científicos continúan su búsqueda para comprender mejor a este antiguo animal. Esta piel bien conservada fue hallada en una expedición científica dirigida por el Museo de La Plata (UNLP) a finales del siglo XIX y sigue arrojando resultados fascinantes.
Los científicos aplicaron una técnica de diagnóstico poco habitual en el estudio de restos paleontológicos: los rayos X. Los resultados del análisis, que acaban de publicarse en la revista Journal of Morphology, permiten inferir aspectos hasta ahora desconocidos de la biología y evolución de los enormes perezosos Mylodons.
Con un peso de entre 1.000 y 2.000 kilogramos (2204-4409 libras), el poderoso Mylodon alcanzaba longitudes de unos tres metros (10 pies). / Ilustración: Néstor Toledo
La piel tiene 13.200 años y es sólo una porción de un animal cuyos ejemplares más grandes alcanzaron más de una tonelada de peso y tres metros de longitud. Se cree que las condiciones ideales de la cueva en la que se encontró propiciaron su excelente grado de conservación (que incluye pelo momificado y otras partes blandas).
Aunque se habla de piel "momificada", en realidad no está claro si el término se aplica exactamente a la forma en que se conservó la famosa "piel de perezoso". / Foto: Nestor Toledo
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El patrón de los huesos
Incrustada en la piel hay una capa de miles de pequeños huesos del tamaño de una lenteja o de 2 centímetros de diámetro. Estas estructuras tan bien ordenadas llamaron la atención de los autores del estudio, que decidieron radiografiarla utilizando un equipo portátil de uso veterinario. "Esta característica de la piel de los perezosos gigantes ya era conocida, pero se pensaba que estos trozos óseos estaban dispersos al azar, pero descubrimos que están ordenados según un patrón" , explica Néstor Toledo, investigador del CONICET en el Museo de la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de La Plata (FCNyM, UNLP), en Argentina.
Esta imagen muestra la disposición de los huesecillos del Milodón y su comparación en tamaño con un humano. | Imagen: CONICET
Así, en las cuatro radiografías tomadas, estos diminutos huesos (llamados huesecillos) - se mostraban formando filas o bandas en algunas zonas, y rosetas o estrellas en otras. Al buscar referencias bibliográficas que pudieran complementar estas observaciones, descubrieron que, sin saberlo, aplicaban la misma técnica que Wilhelm von Branco había utilizado más de un siglo antes.
Wilhem von Branco fue un científico alemán que publicó un informe sobre el análisis con rayos X en 1906. La tecnología de los rayos X acababa de ser descubierta una década antes, y él aplicó esta nueva tecnología a diferentes piezas paleontológicas, entre las que, casualmente, se encontraba otra piel de Milodón conservada en el Museo de Historia Natural de Berlín.
Para gran sorpresa de Toledo y sus colegas, von Branco también había observado los mismos patrones en los huesos de la piel del Milodón que ellos veían ahora.
"Al superponer las radiografías de von Branco con las nuestras, llegamos a comprender que las estructuras en roseta se localizarían en la zona de la columna vertebral y sus alrededores, mientras que las en hilera se situarían en los laterales y cerca de las piernas."
"Con esta información, empezamos a discutir las probables razones funcionales de estas posiciones, pensando en esos huesos como una especie de armadura que aún permitiera el movimiento", describe Toledo.
Por lo tanto, la piel de las partes del cuerpo que necesitaban mayor flexibilidad (como las axilas o el vientre) podía doblarse o arrugarse, mientras que otras partes se beneficiaban de una estructura más rígida. Todas estas conjeturas suscitaron una nueva pregunta: ¿Por qué tenían estos animales una piel tan gruesa que se reforzaba con estos pequeños huesos?
¿Una armadura de verdad?
"La hipótesis más fuerte respecto de la función de este esqueleto dérmico se relaciona con la defensa contra otros organismos: en primer lugar, posibles predadores, pero también individuos de la misma especie durante el combate (como machos competidores) a partir del comportamiento de algunos mamíferos actuales", explica Alberto Boscaini, investigador del CONICET en el Instituto de Ecología, Genética y Evolución de Buenos Aires (IEGEBA, CONICET-UBA).
Aunque la primera opción arroja algunas dudas sobre qué especies atacarían a animales de este tamaño, el argumento principal sería de naturaleza evolutiva: los registros más antiguos de huesecillos en la piel se remontan a otros milodontos del grupo Mylodontini, que vivieron hace unos 10 millones de años y eran bastante más pequeños.
"Podrían haber sido devorados por marsupiales carnívoros y grandes aves, por lo que tener un caparazón interno sería una gran ventaja. Es posible que esta estructura fuera heredada por las generaciones posteriores, incluso a medida que aumentaban de tamaño", afirma el experto.
Representación artística de un caimán gigante (Purussaurus) atacando a un perezoso terrestre gigante (Pseudoprepotherium)./Imagen de Jorge A. González.
Relacionada con el tema de la evolución, aparece otra pregunta, pero esta vez mira al presente. "En paleontología, recurrir a los animales actuales como clave para entender a los que ya no existen es muy común y se conoce como "principio de actualismo".
En este caso, podemos fijarnos en el único mamífero vivo que aún conserva huesos en la piel: el armadillo, que presenta patrones óseos similares a los de los perezosos del pasado, es decir, rosetas e hileras de huesecillos", describe Boscaini.
Aunque para los investigadores esto podría responder a cuestiones puramente funcionales relacionadas con la rigidez y movilidad necesarias en las distintas zonas del cuerpo, estas similitudes también podrían sugerir un patrón de desarrollo compartido, "quizá relacionado con la expresión de los mismos genes", señala.
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Manipulación e importancia cultural
La aplicación de rayos X a la piel momificada era un procedimiento delicado que requería la participación de técnicos especializados para poder utilizar el equipo sin moverlo de la vitrina en la que se expone. Más de un siglo antes, von Branco también utilizó los rayos X para examinar una piel conservada, pero lo hizo de un modo muy diferente.
Para ello, expuso el "cuero" conservado al vapor para ablandarlo y luego lo estiró sobre una superficie lisa sobre la que tomó radiografías. "Lo positivo es que esas placas tienen una calidad extraordinaria y fueron muy útiles para nuestro estudio, pero en verdad, es algo impensable de hacer hoy: es prácticamente un atentado contra una pieza que es única e invaluable", explica. Leandro M. Pérez, también investigador del CONICET en la FCNyM y uno de los autores del trabajo.
Leandro Pérez, uno de los investigadores, junto a la vitrina donde se expone la piel. Foto: Cortesía de los investigadores.
Según Leandro, la promulgación de la Ley argentina de Protección del Patrimonio Arqueológico y Paleontológico en 2003 fue muy importante para evitar la manipulación de este tipo de restos o fósiles. "La piel de perezoso que tenemos en el museo local es un verdadero tesoro: es probable que no se vuelva a encontrar nada ni remotamente parecido".
"La piel momificada tiene algunos cortes muy profundos e incluso faltan algunas partes porque en los años 70 se extrajeron muestras para la primera datación por radiocarbono, un método que busca la presencia de isótopos de un determinado elemento químico dentro de la muestra. Hoy en día, aunque está arrugada y deshidratada, sabemos que no debe estar modificada (aunque así es como solemos hacer las radiografías) por eso en muchas zonas los huesos están superpuestos unos sobre otros", añade Pérez.
Referencias bibliográficas:
Nestor Toledo, Alberto Boscaini, Leandro Martín Pérez. La armadura dérmica de los perezosos milodóntidos (Mammalia, Xenarthra) de la Cueva del Milodón (Ultima Esperanza, Chile). Revista de Morfología. DOI: https://doi.org/10.1002/jmor.21333
Texto original: https://laplata.conicet.gov.ar/examinan-con-rayos-x-la-piel-de-un-perezoso-gigante-para-desentranar-el-misterio-de-su-armadura-interna/