Perezoso contra jaguar
El humilde perezoso frente al poderoso jaguar: ¿en qué se diferencian estos dos misteriosos mamíferos?
Antes de empezar, quiero aclarar que este no es uno de esos blogs del tipo «quién ganaría» en los que especulamos sobre quién saldría victorioso en un concurso de comer perritos calientes al estilo de un combate uno contra uno, violento, cara a cara y sin reglas, porque, la verdad, todos podemos imaginarnos cómo acabaría eso.
Los perezosos no comen perritos calientes, y los jaguares siguen una dieta estricta sin gluten, y todo el mundo sabe que es hacer trampa dejar de lado los panecillos. Además, la capacidad del jaguar para asestar una mordedura mortal directamente a través del cráneo de los árbitros que no están de acuerdo tiende a sesgar un poco el fallo.
¿Tienen algo en común el vegano más adorable de los trópicos y el carnívoro obligado?
Resulta que sí. Para empezar, ambos son originarios de América. El jaguar cruzó el puente terrestre del estrecho de Bering hace unos 130 000 años y emigró hacia el sur, donde se encontró con el perezoso que venía hacia el norte desde Sudamérica (que conste que el perezoso llegó aquí primero, unos 60 millones de años antes). A ambos animales les gustan mucho los bosques tropicales, aunque el jaguar tolera un poco mejor los climas más fríos y secos.
Reputación
Otra cosa por la que los perezosos y los jaguares podrían unirse para quejarse (además de la injusticia inherente a los concursos de comer perritos calientes) sería lo solo que uno puede sentirse cuando no se le entiende.
A veces, los seres humanos piensan que los perezosos son perezosos, están enfermos o apenas logran sobrevivir, en lugar de valorar que, en realidad, son muy eficientes, gozan de buena salud, albergan algas y bacterias simbióticas maravillosas y llevan haciendo esto desde antes incluso de que existieran la mayoría de los mamíferos.
El jaguar podría compadecerse de lo a menudo que se le considera una máquina de matar despiadada y devoradora de hombres. De hecho, los jaguares son los menos propensos de todos los grandes felinos a atacar a los humanos, y tienen unas 1.000 veces menos probabilidades de hacer tropezar a sus dueños mientras bajan las escaleras que el gato doméstico, de aspecto inofensivo.
Pescadores observando a un jaguar que descansa en la orilla del río Cuiabá, en Brasil / Foto: Suzi Eszterhas
Nadadores
Tanto a los jaguares como a los perezosos les gustan mucho más los árboles que los humanos, que tienen esa molesta costumbre de talar todos los árboles, y a ambos animales les gusta nadar. De hecho, el perezoso se mueve más rápido en el agua que en el bosque, y el jaguar es conocido por cazar en los ríos.
Un jaguar cruzando el río / Foto: Suzi Eszterhas
Pescadas muy fuertes
Tanto el perezoso como el jaguar tienen una mordida sorprendentemente fuerte. ¿Ya hemos mencionado la capacidad del jaguar para aplastar cráneos? Son los únicos felinos que matan a sus presas de esta forma, y resulta ser un método devastadoramente eficaz tanto para acabar con su cena como para aterrorizar al resto del reino animal. ¡Sin duda, un depredador alfa!
Los perezosos no necesitan masticar nada más rápido ni más duro que una hoja, pero cuentan con unos caniniformes muy afilados en la boca para hacerlo. Los caniniformes —para todos aquellos que no seáis biólogos ni unos auténticos frikis de los dientes— son como los caninos, pero no podemos llamarlos así porque los xenartros tienen unos dientes raros y no queremos confundir nuestra dentición.
El tamaño sí importa
A pesar de todas sus similitudes, los perezosos y los jaguares presentan algunas pequeñas diferencias. Por ejemplo, el jaguar es el felino más grande de América (y el tercero más grande del mundo), con un peso de hasta 96 kg (más de 200 libras), mientras que los perezosos más grandes se extinguieron hace mucho tiempo. Los perezosos actuales pueden llegar a pesar hasta 11 kg (24 libras), pero pierden hasta un tercio de ese peso cuando hacen sus necesidades.
Un pequeño grupo de primos
Hay seis especies vivas de perezosos. Cuatro de ellas pertenecen al género Bradipus —los perezosos de tres dedos—:el perezoso de garganta marrón (Bradypus variegatus), el perezoso pigmeo (Bradypus pygmaeus), el perezoso de garganta pálida(Bradypus tridactylus) y el perezoso de melena (Bradypus torquatus). Las dos restantes pertenecen al género Choloepus —los perezosos de dos dedos—:el perezoso de dos dedos de Hoffmann (Choloepus hoffmanni) y el perezoso de dos dedos de Linneo (Choloepus didactylus). Todas ellas viven en América.
Los jaguares pertenecen al género Panthera, del que solo hay cinco especies: los jaguares (Panthera onca), los leones (Panthera leo), los tigres (Panthera tigris), los leopardos (Panthera pardus) y el leopardo de las nieves (Panthera uncia). Estos grandes felinos viven en todos los continentes del mundo, excepto en la Antártida.
¿Cómo los estudian los científicos?
Los jaguares se han estudiado en su hábitat natural desde finales de la década de 1970, mientras que los perezosos solo se han estudiado realmente en su hábitat natural en los últimos 12 años. En comparación con otras especies de felinos, los jaguares siguen siendo animales relativamente desconocidos.
Hembra con un collar GPS en los humedales de los Esteros del Iberá, Argentina / Imagen: Tompkins Conservation
Tanto a los perezosos como a los jaguares les gusta esconderse de los investigadores y, para contrarrestar esto, los investigadores intentan marcar a los jaguares con collares VHF (frecuencia muy alta) o sistemas GPS. Los investigadores que estudian a los perezosos utilizan collares VHF, ya que la tecnología GPS aún no es lo suficientemente fiable para estudiar a estos animales.
El collar de seguimiento por radio no afecta a la capacidad de los perezosos para sobrevivir en libertad.
¿Quién vive más tiempo?
El perezoso también vive más que el jaguar: los perezosos más viejos de los que se tiene constancia han llegado a vivir casi 50 años (en cautividad), mientras que los jaguares rara vez superan los 11 años en libertad, aunque los ejemplares en cautividad pueden llegar a duplicar esa cifra.
El tiempo que les queda a estas especies extraordinarias no debe medirse en términos de vidas individuales, sino en generaciones. Un ser humano puede vivir un siglo, y esperamos que los nietos de nuestros nietos tengan la misma oportunidad que nosotros de maravillarse ante la majestuosidad de estas criaturas.
¿Qué estamos haciendo para salvar a los jaguares?
En los humedales de Esteros del Iberá, en Argentina, se está llevando a cabo un proyecto —el primero de este tipo en el hemisferio occidental— para reintroducir al jaguar. El jaguar se encuentra en peligro crítico de extinción en Argentina, donde solo quedan entre 200 y 300 ejemplares en libertad. Los jaguares solían prosperar en esta zona, pero fueron cazados hasta su extinción durante el siglo pasado. Hasta la fecha, el proyecto ha reintroducido seis jaguares desde su puesta en marcha en 2015.